20091220

Tráiler de la película

Teatralización (pág. 173-178)

(En la escena están muchas personas, entre ellas DHUODA, LEOLA, NYNEVE, SIR WOLF, MORAND y BRODEL. Están celebrando el banquete de despedida. De repente llegan dos nuevos personajes: un CRIADO y CLARA DE HERRING, dama de la Reina Leonor.)

CRIADO: ¡Mi Señora! ¡Acaba de llegar a Beauville una emisaria de la reina Leonor! ¡Su Majestad se ha enterado de que vos estabais en la ciudad y os envía sus saludos y un hermoso presente!

DHUODA: (vacilando) ¿Y cómo sabéis que es hermoso, si ni siquiera lo habéis visto?

CRIADO: (en tono dudoso e inseguro) ¡Mi Dama...! ¡No sé...! ¡Yo espero...! ¡Yo supongo...! ¡Es un regalo de la Reina!

CLARA DE HERRING: Es hermoso, mi Señora, os lo aseguro.

(CLARA DE HERRING está acompañada de dos criados que llevan con dos varas un arcón de madera estofada en oro, lo dejan en el suelo delante de DHUODA)

CLARA DE HERRING: (mientras hace una reverencia) Duquesa, soy Clara de Herring, dama de la Reina. Su Majestad os manda saludos y este pequeño obsequio en muestra de su afecto. (Levanta la tapa de la caja, es una capa de terciopelo bordada en plata)

DHUODA: ¡Qué bello! (Se inclina para coger la capa)

NYNEVE: (se inclina para detener a DHUODA) ¡Esperad! ¡No la toquéis!

(DHUODA la mira extrañada, esperando una justificación)

NYNEVE: Fijaos en el interior del arcón... Está revestido de plomo. ¿No os resulta extraño? Pedidle a la enviada que se pruebe la capa.

CLARA DE HERRING: (tartamudea, nerviosa) ¡Duquesa! Yo... Yo no osaría jamás hacer tal cosa... Es vuestro presente... Yo no soy digna de una prenda así...

DHUODA: (con una expresión seria) Poneos la capa.

CLARA DE HERRING: Mi Señora, no debo... Y si os la mancho, y si... La Reina me mataría, lo sé.

DHUODA: (mirando fijamente a los ojos a CLARA DE HERRING) Poneos la capa o seré yo misma quien os mate. Y os aseguro que hablo en serio.

CLARA DE HERRING: Pero...

DHUODA: ¡¡¡HACEDLO!!!

(CLARA DE HERRING se inclina sobre el cofre y saca la capa y se la pone sobre los hombros).

CLARA DE HERRING: ¿Veis, Señora? (temblando) Sin duda os quedará mucho mejor a vos...

NYNEVE: ¡Espera! No tan deprisa... Sigue con ella puesta un poco más.

(CLARA DE HERRING respira agitadamente, jadea y aguanta el llanto, abre los ojos y en su rostro hay una expresión de terror. Cae de rodillas y grita. Sus ojos están en blanco y le sale espuma por la boca. Pronto, de sus ojos, su boca, su nariz, de sus oídos sale sangre. Arquea la espalda y grita por última vez. Muere.)

SIR WOLF: (detiene a un criado que quería escapar) ¡Quiero ahí, rufián!

(DHUODA detiene a Leola para que no mate al criado)

DHUODA: (al criado) Confiesa y seré generosa contigo. ¿Quién os ha enviado?

CRIADO: (temblando) Ha sido vuestro hermanastro, Duquesa. Ahora ya no importa que se sepa...

DHUODA: ¡Mientes!

CRIADO: ¿Por qué habría de hacerlo? Mirad, éste es el sello que el Conde nos ha dado... Lo reconoceréis, puesto que ha sido el vuestro... (el criado cae de rodillas y se le rompe la voz) Sed clemente, Señora...

(DHUODA con un movimiento ágil agita la espada y le corta el cuello al hombre. Está asustada, intenta limpiarse las manos con la falda y se la mancha de sangre. Con la daga corta el tejido manchado.)

LEOLA: Mi Señora...

(NYNEVE se acerca a DHUODA y le quita la daga de las manos)

LEOLA: (susurra) Tranquila, mi Duquesa. Todo está bien. Tranquila, Dhuoda. Yo voy a cuidar de ti.

DHUODA: Manebón... Sasegual... Ben mede cada mí...

(DHUODA se desmaya en los brazos de LEOLA).

Descripción del sueño de un personaje: Alina

Desde que León me curó el aojo y dejé de ser una falsa ciega, de día me siento más segura. Pero cuando llega la noche, la misma pesadilla me ataca cada segundo de mi sueño.

Estoy en casa con mis padres y con mis hermanos, estamos comiendo pan y mi madre corta un trozo de queso para cada uno. Yo reparto un poco de tocino para todos. Comemos y hablamos de alguna novedad del señor de nuestras tierras; es un hombre muy mujeriego y siempre sale alguna vecina alardeando de haber compartido el lecho con él, todas se atreven a chantajearlo pero él no duda en cortarles la cabeza.

Alzo la mirada para ver el rostro de mi madre, tiene quemaduras, manchas y arrugas, pero sus ojos están tan vivos como hace veinte años. Ella no pierde la esperanza.

Dirige sus ojos hacia los míos y todos sus órganos se le quedan rígidos. Las pupilas se le dilatan hasta el punto de desaparecer el iris azul. Me asusto. ¡¿Otra vez?! Ya maté a mi hermano, ¿lo volví a hacer? ¡León me curó!

Empiezo a desesperarme, me levanto de la silla y doy unos pasos atrás, mis hermanos me gritan "¡No me mires!", mi padre me pega y huyo lejos, con los ojos cerrados. Me tropiezo y choco con todo lo que está delante mío, pero no abro más los ojos. Noto gente riéndose de mi, criticándome y siento las piedras que me tiran como se clavan en mi espalda y cabeza. Tengo mucho miedo.

Oigo la voz de mi madre llamándome asesina, la oigo diciendo que me odia, debería morir, estoy endemoniada...

Pero de repente unos brazos me envuelven y me permiten abrir los ojos de nuevo. Me despierto y es León. Estoy curada.

Yo, autor


¡Hola! Soy Rosa Montero, la autora del libro que has leído durante estos meses. Voy a contarte muy brevemente algunas cosas que me han pasado durante mi vida.

Nací en Madrid el 3 de enero de 1951. Creo que esta gran pasión por la lectura y escribir novelas viene porque tuve que estar de los cinco a los nueve años encerrada en casa por culpa de la tuberculosis, es entonces cuando empecé a leer y escribir... ¿qué iba a hacer, si no tenía nada más divertido?

Cuando terminé el instituto, estudié Periodismo y Psicología, aunque ésta última la dejé el último año. Durante mis años en la facultad colaboré con algunos grupos teatrales independientes, como Canon o Tábano, y a la vez ya empecé a colaborar con algunos medios informativos.

Desde 1976 trabajo exclusivamente para El País y fui jefa de su dominical durante los años 1980 y 1981. En este último año me concedieron el Premio Nacional de Periodismo.
Mi novela La hija del caníbal ganó el premio a la mejor novela por el Círculo de Críticos de Chile.

Mi otra novela, La loca de la casa, ganó el premio Qué Leer en el 2003 y el Grinzane Cavour en Italia, por ser la mejor novela extrangera publicada en Italia en 2004.

La novela que has leído, Historia del Rey Transparente, ha sido galardonada con el premio Qué leer como la mejor novela del 2005, y en el 2007 ganó el premio Mandarache.

Estoy muy contenta porque mi obra está traducida a una veintena de idiomas.

¡Espero que os haya gustado mi presentación!

20091219

La contraportada

Monólogo del personaje: Violante

Cuando mi madre nos dijo que ella prefería morir antes que vivir fingiendo que no formaba parte del catarismo, quise desaparecer. La idea de estar viviendo sin mi madre era superior a mí. No tener a mi madre era como no tener nada, mi vida se convertiría en un vacío, en algo sin sentido. ¿Tendría alguna ilusión para vivir?

Mis ojos se empaparon de lágrimas, la abracé como nunca antes lo había hecho. Tenía miedo de vivir sin ella, pero al cabo de los días mi pensamiento se iba torciendo.

Mi madre era fiel a su palabra. Nunca haría ni diría nada que creyese plenamente, e hizo una demostración de eso. Yo, como su hija, debería apoyarla, y ahora creo firmemente en lo que dice. Ahora me siento orgullosa de su voluntad y de su determinación y nunca le echaré la culpa por acabar voluntariamente con su vida. Nunca. Vi el humo que se llevaba su alma hasta el cielo, donde debe estar. Tanta gente quisiera tener tanta valentía como ella y es tan cobarde... conocí a mucha gente así, que acabó muriendo sin defender sus ideas. Eso es la máxima representación de la cobardía.

Llenando lagunas: la conversación entre Leola y Jacques

Después de preguntarle a Jacques, me dispuse a irme. Me daba vergüenza, o quizá miedo que supiese quién era yo, y hasta dónde había llegado; mientras que él se quedó en nuestro pueblo, como un triste campesino al cual los años le habían producido graves daños.

Le di algunas monedas y finalmente me alejé de su casa, de él, de su nieto. A cada paso que daba sentía una puñalada en mi corazón. En lo más profundo de mí existía el pensamiento de volver atrás y decirle la verdad. Y a cada paso que daba ese pensamiento se hacía más y más grande, hasta que no podía aguantarlo.

Sin pensar me giré, volví corriendo hacia su puerta, grité para que no me ignorara, para que no cerrara la puerta y dejara de verlo. Corrí y corrí hasta llegar otra vez al lado del niño.

-¡Jacques! - intentaba recuperar el aire.
- ¿Cómo sabe mi nombre, mi señora? - se le veía a la cara que estaba muy sorprendido, ¿cómo una mujer tan bien vestida podría saber de su existencia?
- No soy tu señora, Jacques... - Quería escupir quién era, pero no me salían las palabras. - No lo soy...

Él me miraba con duda, y yo peleaba en mi interior. Tenía que dejar de ser cobarde, escapar otra vez ya sería mucho más que vergonzoso, no podía desaprovechar esta ocasión, era mi primera y última para hablar con él.
Respiré profundamente.

- Soy Leola, Jacques. Tu Leola.

Abrió los ojos tanto que pensaba que se le quedaron agarrotados. Se quedó en ese estado durante un minuto más o menos, hasta que reaccionó.

- Leola... - los ojos se le llenaron de lágrimas y vino hacia mí para abrazarme. Hacía mucho tiempo que no sentía un abrazo tan sincero como ese. No necesitamos más palabras, nos lo dijimos todo. Él me dijo que no podía estar con él, y yo le dije que ya lo sabía. Que me iba con unas chicas y que había vivido mucho. Le dije también que le quería, él también a mí.
Estuvimos varios minutos con los brazos entrelazados y conversando sin abrir la boca.

Su nieto seguía jugando, su mujer nos miraba con una sincera sonrisa.

Miniresumen en 99 palabras: lenguaje SMS

Leola era 1 chica q vivía cn su padre y su hermano. Tenía 1 novio, Jacques, cn l q pronto s iba a casar. L guerra llgó prnt a s pueblo y tuvo q vstirse cmo un xico xa pder sbrevvir, staba sola. Prnto cnoció a Nyneve, q stuvo cn ella toda su vida. Viviern varias avnturas n dstints lugares y cn muxa gnte: Dhuoda, Gastón, León... finlmnte las 2 acabrn cn su vida cn 1 pción cuand staban prseguids x star cn las cátaras dspués d huir cn ellas. Nyneve dcia q llegarian a Avalon bbiendo la pción.

¿Qué pasaría si Nyneve saliera del libro?

Cuando acabé de cenar con Leola, me fui a mi habitación. León estaría a punto de llegar y yo no quería interrumpir su arrebato de pasión. Conmigo se marcharon también Alina, Filippo y Guy. A éste último le acompañé hasta su cama y le empecé a cantar una nana, pero pronto quedó dormido.

Me dirigí hasta mi cuarto y al cabo de unos minutos me tumbé en mi lecho. Estaba muy cansada, creo que ya me estaba haciendo un poco mayor... parecía mentira, pero debía ser la realidad.

Mis ojos ya se cerraban, mi mente se estaba desconectando del mundo y me estaba llevando hacia otro... casi no sentía nada, pero unas náuseas repentinas hicieron despertarme de mi plácido sueño.

Sentí un dolor de cabeza muy intenso, intenté alcanzar la puerta pero todo lo que me rodeaba estaba distorsionado. Veía doble o triple, sentía voces. De repente vi a Leola y a León juntos, besándose, y les oí diciendo palabras sin sentido. Luego me vi en Avalon, entre sus magníficos jardines y la gente feliz, aunque pronto el paisaje cambió. Cada vez me sentía más y más mareada, parecía que iba a vomitar todo mi interior.

Me desperté y mis náuseas culminaron echando toda mi cena al suelo. Una sustancia verdosa se deslizó desde mis labios hasta el suelo. Respiraba ruidosamente, con los ojos bien abiertos, sorprendida. ¿Qué me estaba pasando? Que yo recordara, en los últimos días no probé ninguna poción, ni comí nada en demasiado mal estado.

Cerré los ojos y intenté calmar mis arcadas. Al cabo de unos segundos sentí pasos. El enemigo ya había llegado, seguro. Nadie había avisado. Leola y León estaban allí. Y Guy, y Alina y Filippo. Tenía que levantarme, mi obligación era salvarles, pero era imposible.
Se acercaban, abrieron una puerta y ya estaban aquí. Estaba rendida. Me sentía inútil. Por mi culpa morirían todos, si aún no los habían matado.

Conseguí ver algo. Eso no era nuestra casa. ¿Qué era todo eso? Habían elementos muy extraños que cualquier individuo de mi mundo hubiera catalogado como embrujados. Una bola de cristal iluminaba toda la sala, donde habían tres personas limpias. Estaba fascinada. No sabía dónde estaba pero quería quedarme.

Un perro saltó y empezó a lamerme. Los hombres me miraban atónitos y gritaban palabras que no lograba entender. "Me llamo Nyneve. ¿Quiénes sois?", decía. No me contestaban. Me llevaron hasta una palangana gigante llena de agua y me desnudaron. Entré y me hundí en el agua limpia, dejándola marrón. Vaciaron el recipiente y volvieron a llenarlo de ese agua tan... no tenía palabras para describir esa sensación. Me frotaban con una esponja y un jabón, su aroma era tan perfecto que pensaba que había llegado a Avalon. Empecé a dejar el mal olor a un lado y mi piel quedó impregnada de jazmín.

Me secaron, me dieron unas ropas extrañas que nunca había visto. Parecían de pobre, pero estaban perfectamente limpias, sin ningún rasguño. La ropa interior era minúscula. Pregunté por un camisón pero no me dijeron nada.

Finalmente abrieron una ventana y lo entendí. Seguro que habían pasado muchos siglos para llegar a eso. Era de noche, pero la ciudad estaba iluminada. Había unos extraños carros sin caballos que los empujaran que viajaban con una velocidad impresionante. Unos enormes carteles también iluminados decían cosas que no entendía. La gente paseaba por las calles, sin espadas, sin dagas, sin yelmo, sin miedo. Eso no era Avalon, pero debía ser algo parecido. Quería quedarme allí.

Fue tan grande mi impresión, mi felicidad, que me desmayé. Volví a sentir náuseas y viajé en el tiempo. Me desperté y volví a estar en esa sucia habitación, mi lecho en un rincón del suelo, un montón de paja amontanada. Me puse a llorar y Leola vino a por mí. Me preguntó qué pasaba y yo no sabía qué decirle, me iba a decir que estaba loca. Me abrazó, pero yo no tenía consuelo. Quería volver a ese mundo, necesitaba volver. Me sentí tan desgraciada, tan pobre... mi vida era tan triste, quería tener alucinaciones otra vez, no quería quedarme aquí.

Respondí al abrazo de mi amiga, me hundí en su pecho. Ella dijo que olía bien. "Tienes que dejarme tu nueva poción".

20091218

El comienzo de la imaginación

Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer.
Todo gracias a la mujer que ha hecho que mi vida tenga sentido; esa mujer que ha convertido mi infernal vida en algo parecido al Paraíso. Celia no es mi madre, me ha enseñado que nunca debo permitir que llegue al nivel de serlo, pero yo sé que ella está pinchando la línea que delimita los de la familia con los que no lo son.

Celia estaba a punto de entrar en el convento cuando me encontró. Ya había pasado los veinte cuando vio una cesta con un bebé dentro, yo. Mi madre murió en el parto, mi padre tuvo que exiliarse y no quería que mi vida terminase tan pronto. Junto a mi cuerpo envuelto de montones de trapos para que no me enfriase demasiado había una extensa carta con el pasado de mi familia.

Mi nueva cuidadora cogió la cesta y volvió a su casa. Ella, gracias a Dios, era más afortunada que mi perdida familia y en su hogar la comida, el calor y el amor solía abundar. Crecí allí con ella, con también sus padres, casi mis abuelos, pero ellos pronto murieron de una extraña enfermedad tan contagiosa, que tuvieron que aislarlos en un hospital lejos del mundo. Nunca supimos nada más de ellos, sólo recibimos un paquete con sus cenizas.

Ahora soy yo quien debe llegar a los veinte. A mis dieciséis, estoy sola. Me han quitado a Celia.
Mi padre, en la carta, decía que algo muy malo pasaría antes de la mayoría de edad. Cuenta que algo le ha dicho que tengo algo maldito, y debo arreglarlo cueste lo que cueste, porque tengo el poder suficiente para hacerlo.

Celia está en un campo de internamiento para mujeres. Hace poco llegó un dibujo, que había enviado un sargento, demasiado detallado donde la vi a ella picando piedra. Su tez blanca parecía sucia y más oscura. Su ropa estaba hecha trizas; su rostro contraído, aguantaba las ganas de llorar. Más lejos de su cuerpo observé la figura de alguien vestido de uniforme, con una vara en la mano, arqueando la espalda a causa de grandes carcajadas.

Mi casi-madre estaba encerrada en un campo de concentración para mujeres. Mujeres contrarias a la revolución, contrarias a la dictadura. Ella sólo quería vivir en paz, las dos queríamos eso sólo.

Pero debo luchar para aliberarla, a ella y a todas. No les toca vivir esa miseria. A nadie le toca vivir encerrado forzosamente. Va en contra de nuestros ideales, y haremos lo que sea para que sean reconocidos.

Mi padre me apoya, sé que desde el cielo, o el infierno, o a mi lado, o donde esté, sé que cree en lo que digo. Sé que mi madre también. Ellos lucharon hasta el final, nunca quisieron perder las ganas de vivir porque es lo más bonito que hay. La carta de papá concluye: la vida no tiene sentido, no tiene ninguna finalidad, es un camino para llegar a ningún sitio. Pero no te lo voy a negar: disfrútala como nunca vas a disfrutar nada. Lucha por lo que crees, Celia; la vida es maravillosa.

Alfabeto de la novela

Amor
Bélico
Cambio
Desengaño
Espada
Fuego
Galopar
Héroe
Iglesia
Justicia
Kaputt
Lacayo
Maldad
Navaja
Oscuro
Palabra
Querer
Renacer
Secretos
Traición
Utopía
Vagabundear
Wolf
eXilio
Yelmo
Zarco


Mi querido diario

Querido diario,

llevo bastante tiempo sentada, intentando calmarme. Noto mis latidos por todo el cuerpo, siento la sangre llegar hasta mi cabeza y la persigo hasta mis pies. Nyneve me ha traído una infusión de algunas hierbas relajantes, pero de momento no veo el efecto.

Hoy Dhuoda me ha preparado una emboscada.

Yo estaba fuera de casa, cuando de repente ha llegado una señora gritando, sabía que yo era Leola. Me hablaba desesperada y satisfecha por haberme encontrado. ¡¡¡Me ha dicho que Jacques estaba aquí!!! Dios... ¡JACQUES! Después de todas mis experiencias, después de convertirme en un guerrero, de dejar mis ropas de mujer para sobrevivir le olvidé. Y él en cambio me recordó día tras día, supongo que me buscó durante un tiempo y finalmente dio conmigo.

Me he emocionado, no podía respirar, estaba asustada pero tan feliz... por un momento he sentido ese amor tan puro que sentí con él cuando tenía quince años.

Me he montado en Fuego y he ayudado a subir a la señora para ir hasta el molino de fuera la ciudad, que es donde me estaba esperando mi Jacques después de tantos años.

Pero de repente he empezado a sospechar. Si ésta mujer nunca había estado aquí, ¿cómo sabía que eso era un molino?
Luego ya ha sido demasiado tarde.
Ha saltado del caballo y ha huido, ha sido entonces cuando un montón de guerreros se han lanzado sobre mí. Jacques no estaba allí, todo es una trampa de la Dama Negra. Estoy segura.

Me han tirado del caballo y he intentado luchar, pero me han herido. Ya me he visto perdida; escapé de una emboscada pero escapar de dos ya es tener demasiada suerte.

Gracias a Dios la he vuelto a tener. Alguien me ha cogido y me ha llevado de nuevo hasta el pueblo. Se llama León. Es muy callado, no habla demasiado y ahora vive con Nyneve y conmigo. Es herrero, dice, y tiene una jaula muy extraña que se sacude.

Sinceramente, estoy un poco enfadada, pues yo no quiero más hombres en mi vida. Gastón ya me destrozó y él no me da demasiada confianza.

La bebida de Nyneve ya está empezando a hacerme efecto... vale más que deje de escribir y recupere las fuerzas.